Hábitos que afectan la salud dental de los niños

salud dental

Mi sobrino, cuando solo tiene 4 años, acaba ingresado en urgencias por una subida muy gorda de azúcar. Así, sin más. Un niño pequeño, lleno de energía, que debería estar jugando tranquilo, termina en una camilla con médicos alrededor. Y todo por algo que parecía “normal”.

Yo ya sabía que el hecho de que mi padre le comprase que si una bolsa de chucherías, que si un dulce aquí, que si un paquete de patatas allá… no era buena idea. Lo veía y pensaba que tanto capricho no podía traer nada bueno. Pero jamás imaginé que la cosa acabaría en un susto así. Nunca pensé que lo que parece pequeño, repetido cada día, pudiera terminar en urgencias.

Ahí me paro y me hago una pregunta directa: ¿qué cosas dejamos pasar que están dañando no solo el cuerpo, sino también los dientes? Porque si el azúcar puede hacer eso por dentro, imagina lo que está haciendo en la boca.

Desde ese día empiezo a fijarme mucho más en los hábitos de los niños. Y me doy cuenta de algo clarísimo: son más inquietos, hacen menos caso, comen lo que pillan aunque les digas que no, y muchas veces no miden las consecuencias.

Y eso, para la salud dental, es una bomba.

 

Los niños no paran quietos y eso también afecta a sus dientes

Los niños son pura energía: corren, saltan, gritan, juegan, se caen y vuelven a levantarse como si no pasase nada, como si no les doliese esa rodilla que se han raspado y les está sangrando, ¡porque solo quieren divertirse!. Esa inquietud es maravillosa, pero también los pone en peligro, porque cuando todo es prisa y juego, la higiene dental pasa a segundo plano.

Les digo que se cepillen y en dos minutos ya están fuera del baño. Les digo que no muerdan cosas duras y al segundo siguiente están intentando abrir una botella con los dientes. Les explico que no se coman un caramelo detrás de otro y lo hacen igual cuando no los miro.

No lo hacen por maldad, de verdad que no , lo hacen porque no miden consecuencias: no piensan en caries, ni en esmalte, ni en bacterias, ellos solo piensan en jugar, y ahí es donde el peligro crece. Porque la boca de un niño no es invencible, sus dientes están formándose, el esmalte es más vulnerable y las encías son más delicadas.

Si a eso le añado que muchas veces no se cepillan bien, que mastican chicle con azúcar durante horas o que se olvidan completamente del hilo dental… el cóctel está servido. La inquietud no es el problema en sí, el problema es que esa energía va acompañada de descuidos constantes que, acumulados, pasan factura.

 

El azúcar escondido en lo que comen

Todo el mundo piensa en chucherías cuando habla de azúcar, pero el problema no son solo las golosinas de colores: el azúcar está en muchísimos sitios donde nadie lo sospecha: zumos envasados que parecen saludables, yogures con sabores, cereales “para niños” llenos de dibujos divertidos, barritas que prometen energía… Todo eso lleva cantidades altísimas de azúcar, y los niños lo comen felices, convencidos de que es algo normal.

Cuando el azúcar entra en la boca, las bacterias se relamen sus dientes porque se alimentan de él y producen ácidos que atacan el esmalte. Si eso ocurre todos los días, varias veces al día, el esmalte se debilita y es entonces cuando aparecen las caries. Y no hablo de una pequeña manchita sin importancia, hablo de dolor, infecciones y empastes antes de cumplir los diez años.

He visto casos donde un niño desayuna cereales azucarados, lleva zumo al colegio, merienda bollería y por la noche cae algún dulce más. Si no hay un cepillado correcto después de eso, el daño se acumula sin que nadie lo note hasta que aparece el dolor.

El azúcar no siempre se ve, pero está ahí, esperando. Y en los niños, eso se puede llegar a convertir en un gran problema.

 

Comer a escondidas y picar todo el día

Los niños comen aunque les digas que no, eso es así. Si hay algo en la despensa, lo cogen. Si un amigo lleva algo al parque, lo comen. Si hay una fiesta, repiten de lo que sea sin pensarlo. El problema no es solo qué comen, sino cuándo, porque picar todo el día mantiene la boca en constante ataque ácido. Cada vez que entra comida, el pH baja y el esmalte sufre, y si eso ocurre cinco, seis o siete veces al día, los dientes casi no tienen tiempo de recuperarse.

Hay situaciones muy típicas: abrir una bolsa de galletas después del colegio y estar una hora comiendo poco a poco. Compartir una bolsa de patatas mientras ven la tele. Tomar refresco a sorbos durante toda la tarde. Comer caramelos masticables que se quedan pegados a los molares. Ese tipo de hábitos es mucho más dañino que comer algo dulce de golpe y luego cepillarse bien, porque el contacto constante es el verdadero enemigo.

En adolescentes, además, aparece el consumo habitual de bebidas energéticas y refrescos. Ácidos y azúcar juntos. Esa combinación desgasta el esmalte y puede provocar sensibilidad temprana.

No se trata de prohibir todo, pero sí de entender que el “un poquito más” repetido cada día termina dañando nuestros dientes.

 

Deportes de contacto y dientes rotos

Los niños no solo comen sin pensar, también juegan sin miedo, y eso incluye deportes de contacto: fútbol, baloncesto, artes marciales, hockey… En esos deportes, un golpe mal dado puede acabar en un diente partido.

He visto casos donde una caída en el patio termina con un incisivo roto. Un codazo sin querer en un partido y un diente sale disparado. Y es entonces cuando llegan las lágrimas, la sangre y el susto, porque antes ni siquiera se lo habían planteado.

Muchas veces no se usan protectores bucales porque “es incómodo” o “no pasa nada”… pero, como yo siempre digo, ¡hasta que pasa! Un diente que no es de leche, que es el definitivo, ya no vuelve a salir, y repararlo implica tratamientos largos, muy caros y a veces complicados.

Hablo incluso de que morder objetos durante el deporte, como el borde de una botella dura o una medalla, puede dañar el esmalte. Y no comento esto solo por las fracturas visibles, sino por esas microfisuras que debilitan la estructura dental con el tiempo.

Los niños son más impulsivos poruqe no calculan los riesgos. Si están enfadados, pueden apretar los dientes con fuerza. Si están concentrados, muerden el protector de plástico o incluso la camiseta. Todo eso ejerce presión constante, y al final acaba pasando factura.

El deporte es maravilloso, pero la protección y ser precavidos es obligatorio.

 

Higiene rápida y mal hecha

Muchos niños dicen que ya se han lavado los dientes cuando apenas han pasado el cepillo por delante, y es que dos minutos parecen eternos cuando quieren volver a jugar a la play o salir con los colegas al parque, porque les están esperando allí.

Muchas veces se largan diciendo que se han lavado los dientes, pero los cepillos están secos y apenas tienen pasta dental. Otras veces se cepillan muy deprisa sin llegar a todos los dientes. Y otras se olvidan incluso de lavarse los dientes antes de acostarse que, en mi opinión, es el cepillado más importante de todos.

Por la noche, la producción de saliva baja: la saliva protege, limpia y neutraliza ácidos, y, si se acuestan sin cepillarse, los restos de comida se quedan durante horas pegados a los dientes. Y, claro, ala, las bacterias tiene vía libre para trabajar en sus dientes toda la noche.

Por no hablar de que casi ningún niño quiere usar el hilo dental, que es una de las cosas que más ayudan a eliminar los resto entre los dientes. ¿Qué pasa? Que ahí, entre diente y diente, es donde muchas caries empiezan, y no usarlo es empeorarlo o provocarlo tú mismo.

SI vamos al tema de la adolescencia, podemos hablar incluso de la ortodoncia. Los brackets retienen comida, hace que lavarse los dientes sea más difícil e inflaman las encías si no hay un cuidado y una limpieza adecuados. Es por eso que, si no se establece una rutina de higiene beneficiosa, el tratamiento puede dejar manchas blancas en el esmalte que duran años.

No es que no sepan lavarse los dientes, es que no le dan importancia.

Y hasta que no les duele, no se preocupan.

 

Consejos de prevención dental en niños y adolescentes

La clínica dental en las Rozas, Madrid, de la Dr. Eva Marcos, con más de 20 años de experiencia, nos explica que la mayoría de problemas dentales en niños y adolescentes se deben a hábitos diarios que parecen pequeños y sin importancia, pero se repiten constantemente.

Es por eso que es muy importante hacerles revisiones periódicas, incluso cuando no les duele nada, porque muchas caries infantiles no duelen al principio y, si se detectan con exploración y a tiempo en las radiografías sencillas, puedes evitarles un mal futuro mucho mayor.

 

Bebidas que dañan el esmalte

Muchos adolescentes cambian las chucherías por bebidas: refrescos, bebidas energéticas, té frío azucarado, café con sirope… Todo eso ataca directamente el esmalte. El ácido desgasta la capa protectora del diente. Si encima hay azúcar, el daño es doble. Cada vez hay más chicos jóvenes con sensibilidad al frío por consumo diario de bebidas ácidas, solo tienes que estar atento a tu alrededor para darte cuenta de ello.

Otro hábito muy común es tomar limón exprimido o bebidas detox muy ácidas pensando que son saludables. Para el cuerpo pueden tener beneficios, pero para los dientes son agresivas si se consumen constantemente y sin enjuagar después.

Ah, por cierto, beber con pajita reduce el contacto directo con los dientes. Esperar al menos 30 minutos antes de cepillarse después de algo ácido también ayuda, porque el esmalte está más blando justo después.

Muchos no tienen ni idea de esto, simplemente beben lo que les gusta. Y como no duele al instante, continúan. El esmalte no se regenera, una vez se desgasta, no vuelve.

Por eso cuidar lo que se bebe es tan importante como cuidar lo que se come.

 

Hábitos nerviosos que dañan sin que nadie se dé cuenta

Algunas cosas parecen manías tontas que no hacen daño, pero en realidad van dejando marcas en la boca: por ejemplo, morder bolígrafos, masticar tapones, roer uñas, abrir paquetes con los dientes o sostener horquillas entre los incisivos terminan provocando pequeñas fracturas, desgaste en los bordes de los dientes y dolor en la mandíbula.

En adolescentes, además, aparece mucho el bruxismo, que es cuando aprietan o rechinan los dientes, sobre todo mientras duermen, y eso desgasta el esmalte y provoca molestias en los músculos de la cara. También se ven casos de chicos con los dientes de delante planos por morder hielo todo el tiempo. Parece un detalle sin importancia hasta que empiezan a sentir sensibilidad o aparecen fisuras.

Los piercings en la boca son otro tema. Si golpean los dientes o rozan siempre la misma zona de la encía, pueden provocar fracturas o que la encía se retraiga. Ninguna de estas cosas pasa de golpe. Es la repetición constante lo que hace daño, y muchas veces nadie lo corrige porque se piensa que no es grave.

Cada pequeño hábito deja huella y, con el tiempo, esas huellas pueden convertirse en problemas grandes y costosos de arreglar.

 

Lista de hábitos que dañan:

  • Morder bolígrafos, lápices o tapones.
  • Roer uñas constantemente.
  • Abrir paquetes o botellas con los dientes.
  • Sujetar horquillas, clips o monedas entre los dientes.
  • Morder hielo o alimentos muy duros.
  • Chupar chupetes, dedos u objetos mucho tiempo.
  • Apretar o rechinar los dientes por estrés o nervios.
  • Piercings que golpean los dientes o rozan la encía.

Con esto se nota que incluso cosas pequeñas y repetidas pueden causar problemas serios si no se controlan a tiempo.

 

Cuidar hoy para evitar problemas mañana

Los niños y adolescentes están más en peligro porque viven intensamente y no miden consecuencias: comen lo que encuentran, beben lo que les gusta, juegan sin freno y muchas veces descuidan la higiene. Viven el día a día y no cuidan nada más que su felicidad.

No se trata de asustarles ni de prohibirles todo, se trata de supervisar, de enseñar y de acompañar, de explicarles que los dientes no se cambian por otros nuevos cuando ya no funcionan, como una camiseta, que los definitivos tienen que durarles toda la vida.

Si desde pequeños entienden que la boca importa y que tienen que cuidarla, crecerán con esa conciencia y evitarán caries, fracturas, sensibilidad y tratamientos largos en el futuro.

Recuerda que la salud dental no depende de un solo gesto grande, sino de muchos gestos pequeños repetidos cada día.

Entradas Populares Relacionadas

Hábitos que afectan la salud dental de los niños

Hábitos que afectan la salud dental de los niños

Mi sobrino, cuando solo tiene 4 años, acaba ingresado en urgencias por una subida muy

Probando cosas nuevas, a mi edad

Probando cosas nuevas, a mi edad

Yo pensaba que a mi edad tenía pocas cosas que descubrir en cuestión de alimentación, pero ahora resulta que hay miles de cosas que no he probado y que mi…

Niños que cumplen años en Navidad

Niños que cumplen años en Navidad

No es que yo conozca a muchos pequeños que hayan nacido en navidad pero tengo a mi nieto, que es un amor de niño, con el que siempre tenemos un…