Probando cosas nuevas, a mi edad

Probando cosas nuevas, a mi edad

Yo pensaba que a mi edad tenía pocas cosas que descubrir en cuestión de alimentación, pero ahora resulta que hay miles de cosas que no he probado y que mi hijo dice que tengo que probar. La semana pasada descubrí el sushi y he de decir que está bueno, aunque jamás pensé que yo me comería un cacho de pescado crudo y pagaría una pasta por ello.

En mi época el único pescado crudo que se comía era el boquerón en vinagre y estaba tan curado que no se notaba que no había pasado por la sartén, pero ahora resulta que los japoneses han puesto de moda comer salmón y atún crudo sobre una cama de arroz blanco que no tiene gracia ninguna. No lo entiendo… ¡con lo bueno que está un buen lenguado rebozado y fritito en aceite de oliva!

Pero es lo que pasa cuando haces una apuesta con tu nieto y la pierdes, que tienes que cumplirla. Todo empezó hace un par de semanas cuando mi mujer sacó un buen plato de caracoles con tomate de Hélix Santana en el aperitivo de una comida familiar. En seguida noté la cara de asco que puso mi nieto el pequeño y llamé su atención ofreciéndole uno, a lo que enseguida apartó la cara con una mueca exageradamente extraña. “¡Yo no como esas cosas!” me espetó, y yo, como buen abuelo que soy, le dije que jamás sabría si le gustaban o no a no ser que los probase. Insistí un poco pero no hubo manera, un poco para que abriera su mente y otro poco porque ponía unas caras realmente divertidas y yo ya estaba que me moría de la risa al verlas. Es un chaval muy gracioso, tiene 9 años y es muy expresivo, la verdad.

¿Sushi qué?

El caso es que mi hijo, el padre del pequeñajo gracioso, me dijo que dejara tranquilo al chaval, que hay cosas que yo tampoco he probado y no por ello me obligan a comer. Cuando escuché eso pensé que estaba loco… ¿cómo que yo no he probado todo? ¡Pero si hasta me comía los higos chumbos doblaos en época de vacas flacas cuando era pequeño! Y se lo dije, que a mí habían muchas cosas que no me gustaban pero que probarlas, las había probado todas, e incluso le pedí un ejemplo de algo que no hubiera probado.

-¡SUCHI! –dijo  el pequeño diablillo y su padre rio con ganas.

-¿Su qué? –dije yo, y ahí empezó todo.

Mi hijo me dijo que el Sushi ese es un plato japonés cuyo ingrediente principal es pescado crudo, y que se hace con arroz y un alga de mar en forma de folio. Obviamente pensé que aquello era una guarrada y le dije que eso no era comida ni nada, pero mi nieto insistió en que no lo había probado.

-Cuando pruebes tú los caracoles probaré yo el sushi ese –le dije, y el enano cogió un caracol, lo miró de arriba abajo, metió la punta de tenedor como me había visto hacer a mí para sacar la puntita, se lo acercó a la boca y absorbió con ganas.

Me quedé con los ojos abiertos de par en par mientras el enano, aún con cara de asco, masticaba el caracol y se lo tragaba diciendo después: “Te toca”.

Tanto mi mujer, como mi hijo y mi nuera empezaron a reír a carcajada limpia. No podían parar. Y el enano se levantó y tendió su mano a modo de saludo como para firmar un pacto, así que no me quedaron más narices que chocar mi mano con la suya y aceptar mi penitencia, porque para mí eso era una penitencia. Y así es como acabé en Enso Sushi, este restaurante sushi de Alicante comiendo pescado crudo envuelto en algas marinas con una salsa que picaba mucho.

He de reconocer, ahora que no me ve nadie, que no está tan malo como pensaba. De hecho, no me importaría repetir, pero sigo pensando que no hay nada como un buen lenguado rebozado y frito, y creo que los japoneses inventaron este plato porque no tenían ganas de cocinar, otra explicación no le encuentro. Era eso o comerse los higos chumbos y se ve que no les gustaban.

¿Y a vosotros? ¿Os gusta el sushi?

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