Una jubilación demasiado precoz

Una jubilación demasiado precoz

Hola a todos. Mi nombre es Enric y soy el primero en inaugurar este nuevo blog para contar mi historia. Llevo jubilado dos años, pero mucho más tiempo sin poder trabajar debido a un problema de espalda. Hasta entonces, siempre había trabajado en la construcción y una mala caída mientras estaba en un andamio acabó con mi carrera profesional que, aunque de obrero, no iba nada mal.

Cuando con 47 años caí del andamio pensé que me quedaría en silla de ruedas para toda la vida, pero no fue así, pude recuperar el movimiento en las piernas y empecé a caminar de nuevo, con mucha rehabilitación. Tras dos años pensé que todo estaba ya encaminado  y que, aunque los dolores no cesaban, poco a poco iría recuperando mi vida normal porque parecía que, con dificultad, estaba recuperando mi independencia en todos los sentidos. No fue así. Conseguí volver a caminar y conseguí llevar una vida en la que puedo hacer casi de todo pero cualquier movimiento un poco más brusco de lo normal o cargar algo de peso son cosas que tengo completamente vetadas porque no podría soportar los dolores de nuevo pero, además, podría quedarme de nuevo, y esta vez para siempre, en una silla de ruedas.

Y mi vida se truncó de repente

A los 49 años me dieron la Invalidez Permanente que, aunque para algunos pueda ser plato de buen gusto, para mí no lo fue. Me gustaba estar activo y, aunque adoraba las vacaciones y los días libres, me gustaba trabajar. Llamadme raro, pero para mí ese accidente cambio mi vida de una manera tan drástica que no poder volver a trabajar fue un golpe muy duro para mí.

Lo primero que hice fue contactar con los abogados especialistas de invalidez.es que son los mismos que llevan también incapacidadlaboral.info. Espero que nunca tengáis que necesitarlos, pero en caso de que así sea, he de deciros que en el bufete Durán & Durán lo único que encontré son buenas personas y os explico más detalladamente por qué digo esto: el despacho de abogados lo compone un equipo multidisciplinar que cuenta con profesionales de diversas áreas y yo, por aquel entonces, me había sumido en una depresión tan fuerte que si no hubiera recurrido a ellos y me hubiera conformado con cualquier otro abogado probablemente habría tenido más problemas aún de los que ya tenía.

Al final todo vino rodado. Tanto la empresa como el Estado pusieron todas las cartas sobre la mesa para que yo no tuviera ningún problema y quejas al respecto no tengo ninguna, pero sí un consejo que daros a todos los que paséis por una situación similar: el mundo no se acaba ahí.

Desde el accidente he tenido que dejar de jugar al fútbol. No es que ahora, con 67 años me fuera  a poner a correr detrás de un balón, pero me da pena no poder pegar unos pelotazos con mi nieto. Tampoco puedo realizar esfuerzos que requieran coger algo de peso. Hace unos meses mi mujer tropezó con un bordillo y calló al suelo a mi lado, yo no pude levantarla y aquello caló muy hondo en mí. Tampoco puedo permitirme realizar según qué tareas del hogar. Por ejemplo, coger el cubo de agua con la fregona lo tengo vetado y barrer, debido al movimiento que hacemos con los brazos y espalda también, así que me limito a fregar algunos platos a mano porque ni siquiera puedo agacharme a poner y quitar el lavavajillas. Sin embargo, el accidente me permitió disfrutar más de mi familia, del cine, de la lectura, de los paseos con mi mujer y de la vida en general.

No le deseo a nadie pasar por lo que pasé yo. Ojalá no le ocurriera a nadie nunca más, pero mis deseos no son leyes y sé que volverá a pasar algo parecido o muy similar así que, a todos los que tengan que vivir algo así os diré lo siguiente: seguid adelante, buscad aficiones y abrid bien los ojos para no perderos ningún detalle de todo lo que os queda por vivir.

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