Siempre me ha llamado la atención cómo funciona el alcohol en el cuerpo, sobre todo porque la tía de mi esposo es alcohólica.
Verla me ha hecho preguntarme muchas veces qué pasa dentro de una persona cuando el alcohol deja de ser algo ocasional y se convierte en algo que el cuerpo necesita.
Cómo afecta el alcohol al cuerpo desde el principio
Cuando alguien empieza a beber, el alcohol entra en el cuerpo muy rápido. Primero pasa por el estómago y el intestino y de ahí a la sangre. La sangre lo lleva al cerebro en cuestión de minutos. Es ahí donde el alcohol empieza a hacer cosas concretas: libera dopamina, que es la sustancia que nos hace sentir placer. Por eso al principio beber puede dar sensación de relajación, alegría o que todo se siente más fácil.
El problema es que el cuerpo aprende rápido. Si algo genera placer, el cerebro quiere más. No hay magia ni capricho, es pura adaptación. Si bebes seguido, la misma cantidad de alcohol deja de dar el mismo efecto. Entonces aparece la necesidad de más. Y no es solo mental; el cuerpo realmente se acostumbra a esa química extra que el alcohol produce.
Además, el alcohol ralentiza algunas partes del cerebro que nos frenan. Por eso algunas decisiones mientras estás borracho no son las mejores. Si esto pasa de vez en cuando, el cuerpo lo soporta y se recupera. Si pasa muchas veces, el cuerpo empieza a cambiar su forma de funcionar, y ahí es donde nacen los problemas de dependencia.
La dependencia no es solo mental
Mucha gente cree que volverse alcohólico es solo cuestión de mente o de carácter, pero eso no es todo: la dependencia también es física. El cuerpo se acostumbra a que el alcohol esté presente y empieza a funcionar según esa presencia. Cambian cosas en el sistema nervioso, el cerebro se adapta y las hormonas se alteran. En pocas palabras, el cuerpo empieza a esperar que haya alcohol para sentirse “normal”.
Cuando alguien que bebe mucho deja de tomar de golpe, el cuerpo se descompensa. Lo que antes ayudaba a relajarse ya no está, y la parte que activa el cuerpo se queda demasiado fuerte. Por eso aparecen síntomas como ansiedad, temblores, sudor, insomnio o malestar general. No es un fallo de carácter ni debilidad; es pura reacción física.
La dependencia se nota cuando beber deja de ser una opción y se convierte en una necesidad real para que el cuerpo funcione como espera. Por eso dejar de beber no es solo cuestión de fuerza de voluntad: es química interna, adaptación del cuerpo y un proceso que requiere tiempo y cuidado.
El “mono” y cómo se siente
El “mono” es uno de los momentos más complicados cuando alguien se vuelve dependiente del alcohol. Aparece cuando el cuerpo deja de recibir alcohol de golpe, y no es algo que se pueda ignorar. Todo empieza en el sistema nervioso, que se pone en alerta. El cuerpo nota que falta algo que antes estaba y envía señales de que necesita recuperar ese equilibrio.
Los síntomas pueden ser muy variados. Algunas personas sienten inquietud o irritabilidad; otras tienen temblores, sudor frío o náuseas. La ansiedad suele aparecer, y también es común que sea difícil concentrarse o dormir. En casos más graves, puede haber convulsiones. Todo esto no es “drama” ni exageración: son reacciones físicas reales de un cuerpo que se ha acostumbrado a funcionar con alcohol.
El mono también explica por qué es tan difícil dejar de beber. La tentación de tomar otra copa no viene de buscar diversión o relajarse, sino porque el cuerpo pide lo que ya conoce. Beber calma los síntomas de inmediato, pero al mismo tiempo refuerza la dependencia. Por eso dejar el alcohol requiere cuidado y, en algunos casos, supervisión médica. El cuerpo puede reaccionar con fuerza si la abstinencia es brusca, y entender esto ayuda a no sentirse débil ni culpable.
El mono es, en definitiva, la forma en que el cuerpo dice: “Me falta lo que me acostumbré a tener”. Con paciencia, apoyo y tiempo, estas reacciones disminuyen, y el cuerpo empieza a aprender a funcionar de nuevo sin alcohol.
Reconocerlo y respetarlo es importante para que el proceso sea seguro y más manejable.
¿Qué pasa cuando bebes alcohol diariamente?
Cuando alguien bebe de manera habitual, el alcohol deja de ser algo ocasional y pasa a ser parte del equilibrio diario del cuerpo. El hígado trabaja más de la cuenta, los intestinos se irritan, y el sueño pierde calidad. Todo esto se acumula lentamente.
El cerebro también cambia. Se reduce la capacidad de sentir placer con cosas normales, y muchas personas notan que les cuesta disfrutar actividades que antes les gustaban. La memoria y la concentración se ven afectadas. A veces es difícil reconocer que esto tiene que ver con el alcohol, porque los cambios son lentos. Puede parecer estrés o cansancio normal.
El cuerpo entra en modo “supervivencia”, aguanta, pero por supuesto pasa factura. El sistema inmune se debilita, las hormonas se desordenan y el ánimo baja. Aun así, la persona sigue bebiendo porque el cuerpo lo pide, no por gusto o capricho. Esta integración del alcohol en la vida diaria es lo que hace que dejar de beber sea tan complejo.
No basta con “querer” parar: el cuerpo necesita tiempo y apoyo para reajustarse.
Entender la dependencia ayuda a tomar decisiones
Entender cómo funciona el cuerpo cuando hay dependencia cambia la manera de ver el problema. No es cuestión de culpa ni de debilidad. Es química. El cuerpo se adapta y luego pide lo que ha aprendido a necesitar. Esto hace que las decisiones sobre dejar de beber sean más conscientes y menos dramáticas.
El proceso de dejar de beber no es rápido ni lineal. Habrá días buenos y días malos. Habrá momentos en que el cuerpo pide alcohol con fuerza y otros en que el deseo disminuye. Comprender estas fases ayuda a planificar y a no rendirse por sentirse “débil”.
Remember The Now, Coach Certificada y utilizo una metodología basada en la ciencia y la Psicología Afectiva Liminal (ALP), nos explica que comprender lo que siente el cuerpo en cada fase ayuda a acompañarlo en lugar de pelear contra él. Reducir la culpa y aumentar la conciencia de las sensaciones físicas hace que el proceso sea más estable y seguro.
Es una manera de acompañar el proceso con amor propio.
Dejar el alcohol requiere paciencia
El cuerpo ha aprendido a funcionar de una manera con alcohol, y necesita su propio tiempo para reaprender a funcionar sin él. Los cambios físicos no se ven de inmediato, y eso puede desanimar a muchas personas.
Durante la abstinencia, es normal sentirse ansioso, cansado, irritable o incluso deprimido. Todo esto son señales de que el cuerpo está reajustando su química interna. Poco a poco, con apoyo y constancia, estos síntomas disminuyen. La paciencia es clave: forzar el cuerpo a adaptarse demasiado rápido puede ser contraproducente o incluso peligroso en casos de dependencia fuerte.
Dejar el alcohol también significa aprender a disfrutar otras cosas: comer bien, dormir, hacer ejercicio, hablar con alguien o simplemente descansar empieza a sentirse mejor con el tiempo. El cuerpo descubre que puede estar bien sin depender del alcohol. No pasa de un día para otro: es un aprendizaje lento y cada persona avanza a su propio ritmo.
La paciencia y la constancia son lo que ayudan a que este cambio sea real y duradero.
Hay que observar sin juzgar
Cuando alguien cercano tiene problemas con el alcohol, fijarse en cómo actúa, cómo reacciona su cuerpo y cómo se siente ayuda a entender que la dependencia no es un fallo de carácter. Es una adaptación física que el cuerpo ha aprendido.
Si dejamos de juzgar y vemos la situación desde esta perspectiva, podemos acompañar mejor. No se trata de presionar ni de culpar, sino de ofrecer apoyo y comprensión. Saber que habrá altibajos, que algunos días serán más difíciles que otros, nos prepara para estar presentes de manera más paciente y efectiva.
La empatía cambia la forma en que ayudamos. Mirar con respeto permite acompañar sin agobiar y reconocer que cada persona tiene su propio ritmo para recuperarse.
Escuchar y entender es más valioso que criticar.
Ver a alguien cercano con alcoholismo me ha enseñado mucho sobre el cuerpo humano
Entender cómo funciona el cuerpo, qué pasa con el alcohol y por qué aparece el mono ayuda a ser más compasivo y más consciente de lo que implica dejar de beber.
El alcohol cambia el cerebro y el cuerpo, y salir de esa dependencia requiere tiempo, paciencia y apoyo. No es un camino lineal ni fácil, pero sí es posible. Entender lo que pasa dentro del cuerpo permite tomar decisiones más inteligentes, más humanas y más seguras.
Cada pequeño paso cuenta. Cada día sin alcohol es una oportunidad para que el cuerpo recupere su equilibrio y para que la persona redescubra formas de sentirse bien sin depender de una sustancia. La clave está en mirar el proceso con atención, sin culpa y con paciencia.
Si tú tienes problemas con el alcohol, te invito a reflexionar sobre todo lo que has leído y a pedir ayuda. Sobre todo, lo que tienes que recordar es que no estás solo… y que, si miras a tu alrededor, encontrarás a muchas personas a las que puedes pedirle ayuda.
Tú puedes superarlo.




