Algunos bebés que nacen con trastornos neuronales se desarrollan sin problemas; en cambio, otros pueden presentar secuelas a largo plazo. No queremos alarmarte, pero pensamos que es importante que conozcas esta información.
La neurología neonatal es una especialidad de la neurología pediátrica que estudia el desarrollo del sistema nervioso de los bebés durante los primeros 28 días de vida. En ese periodo, el cerebro del recién nacido es especialmente vulnerable. El 30% de los ingresos de bebés en cuidados intensivos presentan algún grado de trastorno neuronal.
Estos trastornos aparecen con frecuencia en bebes prematuros, en los que algunos órganos internos faltan por madurar y desarrollar, entre ellos el cerebro. También pueden aparecer en bebés que nacen cuando les corresponde, pero con problemas en el desarrollo del feto o lesiones que se hayan podido producir durante el parto.
Un estudio realizado por el Instituto Neuro-cognitivo Inicia índica que existe una relación entre los trastornos neuronales en los recién nacidos y el desarrollo del TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). No es mecánico, no se da en todos los casos, pero al parecer, es un factor que multiplica por 4 la aparición de este trastorno.
En el TDAH el cerebro madura más lentamente. En la niñez, presenta diferencias en la conexión de los neurotransmisores encargados del control y de la atención. Según este instituto, factores estresantes durante el embarazo, allanan el camino para que el bebé nazca con algún trastorno neuronal. Situaciones como el nacimiento prematuro o el nacimiento con bajo peso hace que el niño nazca con el sistema nervioso sin formar por completo, lo cual puede arrastrar secuelas durante su desarrollo infantil.
Te comentamos cuáles son estos trastornos neuronales y en qué consisten las secuelas.
Problemas neuronales en los recién nacidos.
Según el Stanford Medicine Childrens Health, los trastornos neuronales en los recién nacidos son frecuentes en los bebés que han nacido antes de las 37 semanas de gestación, así como los que ha sufrido un parto difícil, han tenido algún trauma durante el nacimiento, o aquellos bebés que ha recibido una cantidad insuficiente de oxígeno durante el parto.
Según esta clínica norteamericana, los dos trastornos más frecuentes son la hemorragia intraventricular y la leucomalacia periventricular. Ambos problemas se dan en los ventrículos cerebrales. Unos espacios que se encuentran dentro del cerebro y que contienen líquido cefalorraquídeo.
En la hemorragia intraventricular lo que se produce es un sangrado en estos espacios que va a influir en el desarrollo del cerebro. En la leucomalacia, la materia blanca del interior del cerebro aparece reblandecida. Esta materia es la encargada de enviar la información a las células nerviosas y a la médula espinal.
Aparte de estos trastornos pueden aparecer otros, que son menos frecuentes, pero que existen, como las apneas neuronales, que son pausas respiratorias relacionadas con la inmadurez del sistema nervioso. Es como si al bebé se le olvidara respirar. Se puede dar en niños prematuros.
Más extraño es la hidrocefalia. Una acumulación excesiva de líquido en el cerebro que aumenta la presión craneal. Otra alteración es la meningitis neonatal, que consiste en una inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal y que puede causar fiebre, irritabilidad y somnolencia.
Debes saber que todos estos trastornos se pueden curar, sobre todo si se recogen a tiempo. El cuerpo del bebé está en pleno desarrollo, e igual que crece, puede resolver problemas de esta índole, que a los padres nos podrían asustar.
¿Cómo detectarlos?
La página web de la Fundación NeNe, Fundación Neurología Neonatal, una fundación sin ánimo de lucro que se creó en el 2015 y cuyo objetivo es contribuir en la investigación de los trastornos neuronales en recién nacidos y divulgar los hallazgos médicos entre las familias y en la sociedad, en general, publica una litografía bastante completa sobre las señales que nos alertan sobre posibles problemas neuronales en los bebés.
Son señales que pueden percibir los padres y que puede constatar una enfermera pediátrica en el hospital.
Una de ellas son las fontanelas. La mollera o parte superior del cráneo. Esta debe presentar más o menos un aspecto semicircular. Si apreciamos justo en el centro, una hendidura cóncava o una depresión convexa, nos puede alertar de que puede haber un problema de malformación leve en el cerebro.
La bóveda craneal debe observarse lisa, con una forma ovalada, vista desde arriba, como la forma de un huevo. Sin que presente ningún chichón, ya que se supone que el recién nacido no ha sufrido ningún golpe.
Por otro lado, los movimientos oculares deben ser normales. Los ojos del bebé deben moverse en paralelo. Si al girar la vista, el niño tiende a mostrarse bizco, aquí tenemos otra señal de alarma.
Existen otra serie de signos del comportamiento del niño que nos pueden alertar de un probable problema de salud. Uno de ellos es la incapacidad de consolar el llanto. Los bebés lloran para comunicarnos un daño o un problema y ese llanto es proporcional a la causa. Lloran cuando tienen hambre, cuando no se pueden dormir o cuando se les ha escocido sus partes íntimas a consecuencia de los excrementos que se les agolpan en el pañal. Cuando hemos resuelto el problema, el bebé se calma.
Si el llanto del bebé es excesivo y no se puede consolar con facilidad, es probable que subyaga algún problema de salud. Los continuos despertares y la dificultad para mantener el sueño durante horas también nos pueden alertar sobre algún problema médico.
Que el niño tenga sacudidas o espasmos repentinos sin ninguna causa aparente o que presenten movimientos espontáneos como levantar los brazos y las piernas, agitándolos mientras llora, nos pone en sobre-aviso.
Para dormir, los niños adoptan una posición relajada. Si vemos que el bebé duerme con las piernas estiradas y con una postura demasiado rígida, debemos preocuparnos.
Si apreciamos cualquiera de estas señales, debemos consultarlo con el pediatra lo antes posible.
Las secuelas a largo plazo.
Muchas veces, los trastornos neuronales de nacimiento pueden ir desapareciendo con el tiempo, incluso, sin seguir ningún tratamiento, ni supervisión médica, aunque no es lo recomendable. Es importante señalar que estos trastornos no son fuente de disfunciones neuronales más complejas como el TEA (Trastornos del Espectro Autista). Sin embargo, como indica la revista médica Anales de la Pediatría, en otras ocasiones, los trastornos neuronales en recien nacidos pueden dejar algunas secuelas que se pueden ir manifestando durante los primeros años de vida. Estas son algunas de ellas:
· Parálisis cerebral.
El nombre médico es escandaloso, pero, en realidad, a lo que hace referencia es a una serie de dificultades que presenta el niño a la hora de moverse, coordinar los movimientos, mantener una postura erguida y caminar.
Esta parálisis no se detecta de inmediato. Se percibe a medida que el niño se acerca al primer año de vida y empieza a dar sus primeros pasos.
Debemos ser prudentes en el diagnóstico. Este trastorno lo detecta un pediatra, nunca los padres por iniciativa propia. No todos los niños aprenden a caminar al mismo tiempo, ni realizan exactamente los mismos movimientos. En sus primeros pasos, los niños suelen mostrarse patosos y les cuesta mantener el equilibrio.
La parálisis cerebral infantil, aunque se manifiesta principalmente en el movimiento y en la postura, tiene una serie de particularidades, que no se dan igual en todos los niños afectados. Algunos de estos niños padecen espasticidad; es decir, tienen los músculos demasiado rígidos. Sobre todo los de las piernas. Parece como si les costara doblar y relajar las rodillas.
En cambio, otros tienen una flacidez excesiva, que hace que les cueste mantenerse de pie o conservar una postura recta. Los movimientos involuntarios y espasmódicos puede ser otro de los síntomas de parálisis.
Esta parálisis tiene cura. Para abordarla se aplica un tratamiento interdisciplinar. En el que se combinan desde ejercicios de fisioterapia (para fortalecer o relajar los músculos), actividades de psicomotricidad y un tratamiento farmacológico cuando lo recete el pediatra.
Tratando la secuela, esta puede desaparecer sin problemas antes de que el niño cumpla los 6 años.
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Trastornos en el desarrollo.
A consecuencia de los trastornos neuronales de nacimiento, el niño puede presentar déficits en su desarrollo durante los años posteriores.
El retraso más habitual es el del habla. El niño aprende hablar mucho más tarde que el resto de los niños de su edad. Esto es algo que no nos debe preocupar en exceso. Puede deberse a trastornos neuronales neonatos o a cualquier otra razón. Debemos ser conscientes que en lo que se refiere al habla, cada niño tiene su ritmo. Y que un niño que empiece hablar más tarde no significa ni que sea menos inteligente, ni que tenga algún problema grave de fondo.
Se han dado casos, en los que niños con trastornos neuronales de nacimiento han desarrollado con los años problemas auditivos o visuales. Aquí es importante que los especialistas descarten que no exista ninguna limitación física. Es decir, que no haya ningún problema en el oído, o que los déficits de vista no se deban a problemas oculares. Lo cual, coloca la base de la disfunción en el cerebro.
Cuando esto sucede, no debemos alarmarnos. Un seguimiento adecuado por parte del pediatra puede resolver la disfunción sin problemas. Para ello el facultativo, si lo considera oportuno, puede complementar el tratamiento con sesiones de logopedia o con terapias psicopedagógicas o conductuales.
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TDAH.
Hemos comenzado el artículo señalando que se puede dar una relación, aunque no mecánica, entre los trastornos neuronales neonatos y el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad. Cuando esto se produce, quizás sea la secuela más grave.
Antes de nada vamos a ver qué es el TDAH. La revista de divulgación médica Mediline Plus indica que el TDAH es una alteración en el desarrollo neurológico del niño que dificulta, principalmente, la capacidad para concentrarse en realizar una actividad y, en ocasiones, la necesidad de hacer varias cosas al mismo tiempo, lo que le da ese carácter hiperactivo.
Este magazine opina que el cerebro de los niños con TDAH funciona de manera diferente al de los otros niños. Procesa la información y gestiona la motivación de manera distinta. Esto se debe a que el niño tiene un déficit de dopamina y noradrenalina, dos neurotransmisores que regulan la motivación y la energía mental. Por esta razón realizar acciones aburridas o repetitivas, les supone un sobreesfuerzo agotador. Por otro lado, al tener bajas los niveles de dopamina, no entienden del mismo modo la recompensa por hacer bien las cosas o por seguir las instrucciones de los padres o los maestros. No le encuentran satisfacción o interés a la gratificación. Por esta razón se suele decir que los niños con TDAH van a su aire.
En los niños con este trastorno, el córtex frontal, la parte del cerebro que se encuentra en la zona delantera y que se encarga de la concentración, el autocontrol y la toma de decisiones, madura de forma más lenta y en ocasiones es más pequeña. Esto se puede deber, aunque no siempre, a problemas como una hemorragia intraventricular y la leucomalacia periventricular sufridas en el nacimiento. Esto hace que el niño con TDAH sea menos analítico, menos planificador y más impulsivo.
Algo que sucede con algunos niños con este trastorno es que son excesivamente nerviosos. Son elocuentes, no paran de hablar, mueven de manera compulsiva las piernas cuando están sentados o parados; y tienen la necesidad de hacer muchas cosas al mismo tiempo, y al final no hacen ninguna. Se aturullan. Sucede por todo lo que estamos viendo. Esa dificultad para planificar, autocontrolarse y establecer prioridades.
El TDAH lo debe diagnosticar un neurólogo infantil, nunca los padres, ni los profesores. Para detectarlo es necesario realizar pruebas médicas. Los niños, cuando son pequeños tienden a despistarse, les cuesta mantener la concentración y son impulsivos. Esto no significa que tengan TDAH.
El TDAH no tiene cura. Es una condición que acompañará a la persona durante toda su vida. Si bien, es un trastorno que se puede manejar con medicación, terapia psicológica y con algunas herramientas adquiridas. Haciendo que la persona lleve una vida normal.




