La candidiasis oral puede aparecer en niños pequeños y bebés.

Candidiasis oral

La candidiasis oral es una enfermedad infecciosa producida por un hongo, que puede aparecer a edades tempranas, incluso en las primeras semanas y meses de vida.
Asociamos la salud dental de nuestros pequeños con la caries infantil y, sobre todo, con la erupción y sustitución de los dientes. Lo que más nos preocupa cuando llevamos las primeras veces a nuestro hijo al odontopediatra es cómo se está produciendo la salida de los primeros dientes de leche. Si no hay ningún problema y si no le duelen demasiado las encías. Sin embargo, a estas edades pueden aparecer enfermedades en la boca a las que debemos prestar atención, como la candidiasis oral.
Esta enfermedad se manifiesta en manchas blanquecinas y cremosas, parecidas al requesón, que aparecen en la lengua, en la cara interna de las mejillas, en el paladar y en las encías. Al rozarla, suelen sangrar. Y producen dolor en la boca y en la garganta del bebé al masticar y al tragar. Si la infección se extiende, puede producir grietas y enrojecimiento en la comisura de los labios. Y hacen que el bebé pierda el sentido del gusto. Ya que la infección deja un regusto amargo permanente. De todo esto hablaremos más en profundidad a lo largo del artículo.
En la primera revisión del odontopediatra, la primera vez que llevamos a nuestro bebé a la clínica dental para que le hagan un reconocimiento, generalmente antes de que cumpla el primer año de vida, el especialista puede detectar la enfermedad con facilidad. De todos modos, si tenemos sospechas de que nuestro bebé sufre esta infección, es recomendable que lo llevemos a la clínica lo antes posible.
Te hablamos de esta enfermedad infecciosa que puede sufrir nuestro bebé.

¿Qué es?
La candidiasis oral es una infección producida por un crecimiento desproporcionado de un hongo llamado Candida albicans que se encuentra en el revestimiento de la boca y la lengua. Dicen los odontopediatras de la Clínica Dental del Dr. Maroto y de la Dra. Vellón, una clínica dental multidisciplinar de Aranjuez, que abordan la salud dental de las personas de todas las edades, en un artículo publicado en el blog de su página web, que estas infecciones en los bebés son más habituales de lo que pensamos.
Según ellos, es normal que en el cuerpo existan microorganismos micóticos. Pero si estos organismos son más numerosos de lo habitual, el sistema inmunológico no puede hacer frente a ellos, y aparece la infección.
La candidiasis oral en bebés es la infección producida por hongos de la cavidad bucal más frecuente en la primera infancia. Está provocada por un sobrecrecimiento de hongos de tipo levadura; esta afección se manifiesta mediante la aparición de manchas blancuzcas o aftas en la lengua, las encías y la cara interna de las mejillas. Aunque por lo general no reviste gravedad, su presencia resulta bastante molesta y suele causar incomodidad e irritación al lactante durante las tomas.
Los recién nacidos pueden presentar manifestaciones de esta micosis desde el nacimiento o desarrollarlas a lo largo de sus primeras semanas y meses de vida. Su aparición está estrechamente vinculada a la humedad y a la inmadurez del sistema inmunitario del bebé. Además de la zona bucal, la cándida tiene tendencia a proliferar en otras áreas propensas a la humedad, como los pliegues cutáneos debajo del mentón o en el área del pañal, originando rozaduras e irritaciones que son muy molestas.
Un factor determinante en la transmisión y persistencia de la patología es la lactancia materna. Si los pezones de la madre resultan infectados por el hongo, la candidiasis puede contagiarse de forma bidireccional entre la madre y el lactante durante el amamantamiento, generando molestias como picor o dolor en los pechos maternos.
Pese a lo incómodo del cuadro clínico y a las dificultades que puede generar en el proceso de alimentación del recién nacido, se trata de una patología sumamente tratable. Ante los primeros síntomas, resulta fundamental acudir al pediatra y/o a la clínica dental para pautar el tratamiento antifúngico adecuado, asegurar una correcta higiene de los utensilios de lactancia o chupetes y garantizar, así, un alivio rápido y efectivo para el bebé.

Los síntomas.
Más o menos ya los hemos mencionado, pero vale la pena detenernos brevemente en ellos. El más característico de estos síntomas, nos dice la página web Medline Plus, son las manchas blanquecinas y aterciopeladas que se aprecian en el interior de la boca. Detrás de los labios, en la lengua, en las mejillas, en el paladar, en las encías. Y que producen dolor e irritación al rozarlas e, incluso, sangrado.
Además de las conocidas manchas claras en la boca, la candidiasis oral provoca otros síntomas molestos que afectan tanto a la comodidad del bebé como a su comportamiento diario. Si intentamos limpiar o rozar estas manchas, descubriremos debajo una piel roja, como en carne viva, irritada y que sangra con facilidad. También es habitual que alrededor de las zonas afectadas aparezca un enrojecimiento generalizado.
Esta irritación en la boca produce dolor e incomodidad constante, especialmente a la hora de comer. Por este motivo, aunque algunos bebés apenas lo notan, es frecuente que estén más molestos o enfadados de lo normal, que lloren al intentar tomar el pecho o el biberón e incluso que rechacen la comida. Es importante no intentar frotar las manchas con una gasa ni rasparlas, ya que esto solo conseguirá hacer daño al bebé, aumentar el dolor y hacer que la zona sangre.
Otro síntoma bastante común de esta infección por hongos es la aparición de grietas y pequeñas heridas en las esquinas de los labios, algo que se conoce como queilitis angular o boqueras. Esto ocurre porque la saliva acumulada en la comisura de la boca mantiene esa piel siempre húmeda, lo que facilita que los hongos se extiendan hacia fuera, provocando tirantez, sequedad y molestias cada vez que el bebé abre la boca para sonreír o comer.
Las manchas pueden ir aumentando de tamaño y extenderse si no se tratan a tiempo, por lo que es importante abordar la enfermedad lo antes posible.

Las causas.
Nos cuenta el Hospital Clínic de Barcelona que la aparición de esta enfermedad está directamente relacionada con el nivel de inmadurez del sistema inmunológico. Hongos como el Candida Albicans habitan habitualmente en la boca, pero las defensas del organismo y las otras bacterias de la boca lo mantienen a raya.
La irrupción de esta infección está asociada con la microbiota oral del bebé. Una microbiota que se está formando en ese momento. No nos debe sorprender. En la boca también hay una microbiota, igual que en el intestino. Un ecosistema formado por cientos de especies de bacterias distintas, en el que, si su proporción varía o las bacterias se mueren, el hongo prolifera.
Si el bebé ha pasado una enfermedad, aunque sea leve, como un resfriado, las defensas de su cuerpo pueden haber mermado, lo que puede facilitar la proliferación del hongo que causa la candidiasis.
La página web Nemours Kids Health nos habla del consumo de antibióticos como otro factor que influye en la aparición de la enfermedad. Los antibióticos de amplio espectro, como la penicilina, la amoxicilina y otros muchos que tomamos con frecuencia, matan todas las bacterias. Tanto las buenas como las malas. Lo que hace que se desequilibren las microbiotas y, por tanto, que el hongo Candida albicans crezca sin restricciones. Los antibióticos puede que los haya tomado el niño, recetados por el pediatra para combatir una infección, que los esté tomando la madre y se los transfiera al bebé por medio de la leche materna o que los tomara la madre durante el embarazo y se los traspasara al feto por la placenta.
La candidiasis oral se puede curar, pero si el sistema inmunológico del bebé está débil, hay posibilidad de que vuelva a reaparecer.

La candidiasis oral en adultos.  
Este no es el tema central del artículo; estamos viendo cómo esta enfermedad afecta a los niños y a los bebés, pero hemos considerado detenernos un momento en este punto para que se vea que esta enfermedad puede aparecer en cualquier momento.
En adultos suele afectar a colectivos que podríamos llamar inmunodeprimidos; es decir, con las defensas bajas y el sistema inmunológico dañado. Personas de edades muy avanzadas que suelen padecer enfermedades crónicas, enfermos de VIH, enfermos de cáncer que hayan recibido quimioterapia o algún otro tratamiento agresivo que hubiese mermado sus defensas, enfermos de diabetes mellitus, etc.
Algunos esteroides inhalados que se toman para combatir el asma o el EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), el consumo excesivo de antibióticos y las prótesis dentales que no ajustan bien pueden producir como efecto secundario la aparición de la candidiasis oral.
Así, por otro lado, estados de desnutrición o la xerostomía, síndrome de boca seca, provocado por ciertos medicamentos o por el tabaquismo, pueden desencadenar esta infección en personas adultas.
En los adultos, la candidiasis oral se aprecia especialmente porque la lengua se encuentra excesivamente blanca. Si se buscan, también pueden aparecer manchas blanquecinas en el paladar o en la cara interna de las mejillas. Aquí se aprecia dolor al tragar, al masticar y, a veces, incluso al hablar.
Lo más preocupante de la candidiasis en adultos es que puede degenerar en enfermedades más graves, debido a que los hongos se pueden extender a otros órganos del cuerpo. Produciendo, según señala Medline Plus, artritis, si la infección se extiende a las articulaciones; esofagitis, si se extiende por el esófago; o meningitis, si se extiende al cerebro. Esta extensión se produce porque la persona tiene el sistema inmunológico seriamente dañado.

Tratamiento.   
En la mayoría de los bebés, la candidiasis oral leve tiende a remitir sola en un plazo de dos semanas. En estos casos sencillos, el especialista suele recomendar un seguimiento directo sin recurrir a fármacos, manteniendo unas pautas de higiene minuciosas. Sin embargo, si la infección persiste o dificulta la alimentación del lactante, el odontopediatra o pediatra pautará un tratamiento antifúngico tópico mediante gotas o gel. Es crucial extender este producto por todo el interior de la boca y no solo sobre la lengua.
Cuando el bebé toma pecho, resulta imprescindible tratar simultáneamente los pezones de la madre aunque no presenten síntomas visibles. De esta forma, se evita el contagio cruzado y el molesto efecto rebote de la infección entre madre e hijo.
Por otra parte, cuando abordamos la candidiasis oral en adultos, el abanico de tratamientos varía según el origen y la gravedad de la infección. Para los casos leves producidos por la ingesta de antibióticos, se aconseja restablecer el equilibrio de la microbiota bucal mediante el consumo de yogur o suplementos de probióticos.
Para casos moderados se emplean antifúngicos tópicos y medidas de higiene reforzadas, que es como si dijéramos la primera línea de lucha contra la enfermedad. Y para casos severos o con recaídas, se recurre a un tratamiento antifúngico sistémico administrado a través de comprimidos por vía oral y supervisado por el médico.
En el caso de los bebés hay que tomar una serie de precauciones, nos recuerda la web de la aseguradora Cigna. La primera de ellas es esterilizar y desinfectar minuciosamente los biberones, tetinas y chupetes tras cada uso. Resulta imprescindible hervirlos o lavarlos con agua muy caliente y jabón, incluso en el lavavajillas, para eliminar cualquier resto de hongos. Del mismo, es crucial conservar la leche y los biberones ya preparados directamente en la nevera para frenar el crecimiento del hongo.
Por otra parte, si la madre amamanta y nota sus pezones enrojecidos o doloridos, es posible que sufra una infección que se transmita de forma continua con el lactante. En este caso, debe consultar al médico para coordinar el tratamiento. La madre aplicará una pomada fungicida en sus pezones, mientras el bebé recibe su solución correspondiente. Tras cada toma, se recomienda secar bien la zona mamaria y aplicar una loción de lanolina para proteger la piel.
La candidiasis oral en los bebés es una enfermedad a la que en ocasiones no le damos importancia, pero está ahí. Hay que tratarla desde el momento en que tengamos cualquier sospecha de que exista.

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